agosto 30, 2012

Memorias estivas 4: el duro arte de ser maricón en Creta


 Mi impresión de Creta como visitante ocasional sigue siendo la misma que hace unos años: allí se vive como se vivía en España en la década de los 50, para lo bueno y para lo malo. Lo bueno es abundante e incluye un ritmo de vida más despreocupado, una mayor dedicación a los amigos y a la familia, una conexión más honda con las tradiciones musicales y gastronómicas de la zona y un saber contemplar el paso de la vida que aquí hemos ido perdiendo rápidamente. Entre lo malo destacan un conservadurismo nada disimulado, un machismo rampante y una homofobia nada disimulada.



Me consta que entre muchos gays existe la imagen de Grecia como la cuna y el paraíso de la homosexualidad. Dejando Mykonos como caso aparte e irreal (la otrora isla refugio de artistas, libertinos y hippies se ha convertido en un escaparate de cartón piedra para turistas), la Grecia insular es un asco para los propios maricones griegos. Ignoro cómo será el mundillo gay para un turista sueco que visite los resorts de la playa de Platanias, porque siempre hemos hecho un turismo mucho más de andar por casa y estar en contacto con la gente que vive allí todo el tiempo. Lo que he aprendido a través de las experiencias que me han ido contando refleja una realidad bastante triste.


Me lo resumía bastante bien G., un norteamericano destinado en la cercana base militar de Souda: "follar no es problema", me dijo, "y además los griegos están bien buenos. El problema es si quieres tomarte un café o una cerveza con ellos. No hay manera. Ninguno quiere que le vean en público con otro hombre. Todos están dentro del armario y se mueren de miedo de que algún conocido les vea junto a alguien cuya presencia no puedan explicar fácilmente. Como todo el mundo se conoce, eso significa que se puede quedar clandestinamente para el sexo pero no se puede mantener una relación personal". Exactamente lo que ocurría en España en la época de Paquito.


Otro ejemplo es el de N. y D. Estos dos se las apañaron para mantener una relación estable por muchos años, y en un momento dado decidieron poner un negocio juntos: abrieron uno de los bares más agradables de Chania, el único que puede ser remotamente calificado como gay friendly. Pero como el entorno era el que era y las leyes griegas no permiten ni siquiera un contrato civil de tipo parejas de hecho, todos los documentos y escrituras del negocio los pusieron a nombre de uno de los dos. De repente ese mismo hombre murió en un accidente, y el miembro superviviente de la pareja se encontró sin compañero, sin ahorros, sin negocio, sin casa y sin nada de nada. Tuvo que asistir al entierro de su marido sin hacerse notar, y tragarse las lágrimas de su duelo desde la fila de atrás y en silencio mientras familiares lejanos que llevaban años sin dignarse a aparecer ocupaban un lugar privilegiado. Posteriormente tuvo que mendigarle a la familia, herederos por ley del negocio, que le permitieran seguir trabajando allí. Este tipo de cosas ahora nos pueden parecer inauditas, pero han estado ocurriendo frente a nuestras narices hasta muy recientemente.


Por eso muchos gays griegos hacen lo que K., estudiante de español en la academia de unas amigas. En clase, K. era el macho más macho de todos los machos, de los que se negaban a ir con los compañeros al bar antes mencionado después de la clase "porque a ver si alguien se va a pensar que soy julandrón". Pero durante un viaje de estudios a Madrid K. se quedó boquiabierto al pasar por Chueca. Jamás había visto a dos hombres pasear a pleno sol cogidos de la mano. Algo se removió dentro de él y esa noche se echó a llorar y le confesó a su profesora que en realidad a él siempre le habían atraído los hombres. Su historia coincidía con la de G. en un punto: durante años había podido vivir su sexualidad de forma clandestina, pero nunca su afectividad. Así que tomó una decisión: en cuanto pudiera, se marcharía de Creta.

Así que si estáis interesados en plantar una banderita y poder decirle a las amigas que os habéis cepillado a un heleno, no os toméis la molestia de pagaros un viaje de avión a Grecia: la mayor parte de los gays griegos hace tiempo que emigraron a Madrid, Londres, Berlín o Sydney. 


10 comentarios:

starfighter dijo...

Triste pero un post excelente. Una bofetada para los que se piensan que está todo hecho y cada 28J empiezan con las típicas excusas de "¿para qué sirve", ¿qué más quereis?, etc etc". Y lo peor de todo es que hay Cretas mucho más cercanas que algunos prefieren obviar...

Nils dijo...

Una pena que tengan que vivir en esas condiciones. Y como dice Starfighter, no es sólo Grecia. Italia, por ejemplo, es otro caso que clama al cielo; así como muchos pueblos de provincias de España.

Peritoni dijo...

Lo que dice Star es cierto. Incluso en lo de las Cretas cercanas.
Imagino pueblitos (y no tanto) de nuestra geografía.
Aunque es cierto que el tono general en este país se ha hecho muy permisivo en los últimos años.

Anónimo dijo...

un texto muy bien escrito pero muy triste. A veces no somos conscientes de lo que tenemos aquí, aunque también existe homofobia en todos los niveles. Que no nos lo quiten.

Javi

Moriarty dijo...

Y tengamos en cuenta que todo lo que tenemos nos puede ser arrebatado, si bajamos la guardia. No será por falta de ganas de la caverna de este país.

Saludos.

Anónimo dijo...

Excelente post. Yo creo que el mayor problema que tenemos algunos es la "Creta interior", es esa autohomofobia que nos impide avanzar y ser nosotros mismos.
Besucos.
Agustín.

Versi Color dijo...

Excelente el post, es descorazonador que la hipocresía obligada siga siendo una realidad para miles de personas en el primer mundo.

Anónimo dijo...

la verdad que es un texto que te hace reflexionar.... cuando dice que es fácil tener una relación sexual pero imposible una afectiva... me ha llegado a lo más hondo...

aquí en españa, parece que vamos por otro camino, hay muchas barreras superadas... pero todavía queda tanto, como decían en otro post muchas barreras nos las ponemos nosotros mismos...

somos muchos, los que salimos del armario para volver a entrar.... no hablamos de vida privada con los compañeros de trabajo... en resumen carecemos de la valentía suficiente para enfrentarnos a esta sociedad que todavía nos considera diferentes, inferiores...

Anónimo dijo...

Totalmente opuesto a lo que imaginaba. buen articulo. Pero que pena sonaba ir a Grecia y perderme en los brazos de una nativo... jaja.

sonia dijo...

Qué historia mas triste e injusta la del bar.

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